domingo, 18 de octubre de 2009

LA BATALLA DE FARSALIA, PARTE III

Las fuentes de que nos serviremos en esta ocasión son, principalmente, César, Plutarco, Apiano, Dión Cassio y Lucano, las restantes fuentes de consulta, ya apenas sin interés, son: Floro, Veleyo, Polieno, Valerio M., Suetonio, Orosio, Estrabón y Frontino.La fuente principal para tratar los acontecimientos desde el lado Césarista es sin duda la obra de César, para el lado pompeyano son más fiables, como complementarias, los trabajos de Apiano y, sobre todo, Plutarco, que se notan que han bebido de versiones provenientes del lado pompeyano y por ello mas fiables que las apreciaciones del propio César durante la batalla, en cuanto a D. Cassio, aporta puntos de vista muy originales y su testimonio, pese a no ser muy bueno para la batalla (pues como veremos no da prácticamente ningún dato), si que es interesante y clarificador para el resto de la campaña.-Los dos autores, Apiano y Plutarco, están completamente de acuerdo en la versión cesarista para sus propias disposiciones, como mucho son complementarias a ella, pero sin embargo para el lado pompeyano divergen, y no utilizan sus escritos, siendo así que algunos hechos se presentan de distinto modo, mas razonable, si se puede decir.

En el trabajo que vierto a continuación expondré mi propia versión de los hechos, apoyado en los clásicos a los que mencionare en cada momento para dar justa fe de mis apreciaciones y permitir así al profano deducir la veracidad, o no, de mis razonamientos.

Satrapa1.


Prolegómenos:

Entre los dias 4 y 5 de Agosto del año 48 a.C. César detuvo su ejercito en los campos de Farsalia. Más obligado que nunca a moverse con precaución, se había establecido en la llanura, cerca del río Eunipeo. allí permanecería hasta agotar las provisiones del territorio, unos cinco días. Hasta entonces trataría de ofrecer batalla a sus rivales, quienes se habían situado, tras él, en las colinas que dominaban la región, bien fortificados, a salvo de cualquier estratagema de su enemigo y amenazando sin descanso a sus forrajeadores gracias al dominio del campo, cosa que le proporcionaba su aplastante superioridad de caballería.

A nadie se le escapa que la situación en que se había colocado, y le habían colocado, dejaba a César muy pocas salidas. Tras agotar los alimentos, poco podía hacer el romano salvo seguir marchando siguiendo la senda de los campos en donde podía aprovisionarse que en este caso llevaría a dirigirse hacia el sur, hacia Beocia, pues el Epiro y Aetolia se encontraban ya exhaustas, y Pompeyo le cerraba toda salida hacia el norte de Tesalia o Macedonia. Además, en Ática, disponía de un ejercito de cobertura de 15 cohortes que podría sumar a sus fuerzas. Este era por tanto su plan inmediato (12) cuando se apercibió de que el ejercito pompeyano, que solía ofrecer batalla sólo en la colina en donde acampaba, en una inmejorable posición defensiva, había bajado en esta ocasión hasta el valle, justo bajo la ladera.



Tribuno romano


¿Deseaba Pompeyo la batalla?, posiblemente no. Como ya había declarado tras su éxito en Dirrachium el ejercito de Cesar podría ser destruido sin combate. ¿Entonces, que le empujo o inclino a ello?. Sigamos a Floro, quien lo resume de esta manera: "Sus soldados le censuraban la inactividad, sus aliados (tracios, galatas etc.) el retraso, y sus generales, envueltos en rencillas...". Plutarco es mas duro, añadiendo además que se conspiraba directamente contra él siendo entonces víctima el propio general de los comentarios burlescos de generales como Domicio o Afranio, un par más entre esa especie de senado en el exilio que se había formado junto a su propio cuartel general. Lucano es de los que afirma que no tenia la menor intención de combatir, pero lo cierto es que tampoco se presentaban, a priori, las cosas tan negras. En verdad que la superioridad en caballería podía ser, como afirmaba Labieno, el artífice de una casi incruenta victoria. Lo cierto es que Pompeyo, si realmente no de deseaba luchar, no supo imponer su voluntad en un mando fragmentado por todo tipo de querellas personales, tanto entre los propios republicanos como entre algunos de estos y César, pues no era influencia baladí ese amplio numero de personajes que, capturados con las armas en la mano por César y luego perdonados por él, habían vuelto luego a militar bajo las banderas de Pompeyo y los republicanos, y por ello, imbuidos de una mezcla de temor y profundo odio deseaban acabar a la primera ocasión con la vida del que consideraban su mortal enemigo. Incluso, sólo la gran influencia de esta pléyade de personajes impedía que el conflicto, como deseaban la mayor parte de los soldados, pudiese concluir, de haber existido esa posibilidad, mediante un acuerdo político entre los dos grandes protagonistas.

César, al ser informado de que Pompeyo le ofrecía la ocasión de llegar a las manos, formo inmediatamente al ejercito en su campamento y tal cual, en formación, salió del mismo a través de la empalizada (desmantelandola y cubriendo el foso para facilitar su transito con los escombros de la misma). Era tal la premura y el entusiasmo de César que con tal de no deshacer sus líneas prefirió destruir sus defensas. Sabia que se jugaba la partida final, que importaba pues no dejar tras de si un refugio seguro para la retirada (1).

Lucano escenifica la sorpresa y desazón que sufre Pompeyo cuando advierte que César avanza contra su ejército. quizás en el fondo esperaba que, aunque se había decidido a ofrecerle batalla, su enemigo no se arriesgaría a aceptarla. O quizás, la sorpresa vino de ver como Cesar avanzaba decidido al ataque. ¿Si sus acompañantes le habían asegurado que el ejercito de este estaba prácticamente batido como era posible que avanzase contra sus posiciones de una manera tan decidida? .
Los ejércitos enfrentados

Pompeyo

LLegados a este punto, el ejercito "republicano" se encuentra formado por dos grandes facciones que si bien no están enfrentadas, si que conducen a una serie de desencuentros que en nada favorecen el desarrollo de las operaciones. Pompeyo lucha, circunstancialmente, a favor de la República contra César, sin embargo no se le escapa al principal adalid de la misma, Catón, que una vez eliminado el rebelde, Pompeyo tendrá que ser, a su vez, anulado (6). Pompeyo es consciente de esta amenaza y por ello lo ha dejado atrás, encomendándole el puesto de Dirrachium con 15 cohortes, lo quiere tener bien lejos para cuando César sea aplastado. De hecho la encrucijada política en la que se encuentra ya ha venido a reconocerla Pompeyo mismo al afirmar que, gane quien gane, le esperan grandes males a la República.

Esta situación, esta coalición de facciones e intereses que dirige Pompeyo, condiciona en parte la cohesión en el mando de las fuerzas republicanas. Pompeyo no ha querido, o podido, prescindir de la presencia en su ejercito de toda una cohorte de políticos y prohombres que se declaran republicanos, personajes que que no dudan, dada precisamente su condición, en formar parte del ejercito comprometiendo la autoridad de Pompeyo (5). Además, y dado su numero e influencia, se configuran como un auténtico senado en el exilio, a fin de restar toda legitimidad al reconstituido por César en Roma. Todo ello no crea el ambiente más favorable para que las operaciones bélicas puedan ser llevadas con la debida fluidez por Pompeyo, quien, como veremos, no podrá imponer su visión estratégica en la campaña.

El ejercito republicano esta dividido así en dos grandes agrupaciones. Por un lado las fuerzas de Pompeyo, con sus legiones, generales y políticos afines, por otro lado los republicanos más recalcitrantes, que se apoyan en las legiones conducidas, principalmente (4), por Escipión Y finalmente quizás un tercer grupo, la de los personajes como Labieno, que han abandonado a César por unas u otras causas, y cuya única esperanza es la de aplastar totalmente al personaje (3), y que no desean de ninguna manera, como se ha visto ya, que se pueda dar algún tipo de salida política al "rebelde".

Se ha hablado mucho acerca del numero y composición del ejercito pompeyano. Por mi parte, y partiendo de las cifras iniciales básicas, recordemos que 11 legiones más auxiliares al comienzo de la campaña (entre Pompeyo, Catón y Escipión), pienso que configurarían un total, en bruto, de 50/55.000 legionarios. A esta cifra deberíamos restarles las bajas en campaña, unas 15 cohortes mínimo si hacemos caso de los escritos de César, además de las fuerzas dejadas con Cáton en Dirrachium, otras 15 cohortes, y otras guarniciones menores, sin contar con heridos y enfermos (de los que por ejemplo su rival, César, ha dejado un buen numero en Oricus) y que, tras Farsalia, caerán en manos del legado de César, Sila (15). Así pues, podemos restar a ese numero inicial, tirando a la baja, unos 20.000 hombres, lo que nos daría una cifra que rondaría los 30/35.000 soldados que se encuadrarían en las 9 legiones que se sabe participaron en la batalla.

Los auxiliares, de a pie, eran numerosos, quizás 15 o 20.000 hombres, lo suficientemente abundantes como para que algún autor llegue a decir que lo eran más que los propios ciudadanos romanos alineados en las legiones y que hizo que, si seguimos a Lucano, los de mejor calidad fueran distribuidos entre las legiones para reforzarlas. También parece que llegaron voluntarios, antiguos soldados de Pompeyo, en numero de 2.000, que fueron repartidos entre las diferentes unidades. La caballería bien puede establecerse en los 7.000 hombres usualmente aceptados, la gran mayoría de ellos tracios y orientales, romanos quizás 1.000 o 1.500, no se sabe.

De las naciones que se alineaban con Pompeyo: Desde Asia venían con Escipión jinetes de Capadocia, Ponto (600), Armenia (200 arqueros a caballo) y galatas. De Grecia: atenienses, beocios, peloponesios, macedonios y tracios.
POMPEYO
DESPLIEGUE DE BATALLA.
Pompeyo realizo el despliegue clásico dispuesto en tres líneas, al igual que César, con un espacio suficiente entre ellas para maniobrar, e intercalándo en los flancos (8) las unidades griegas mas fiables (A), pues necesitaba reforzar sus también desgastadas unidades. El resto de la masa de aliados la reunió y coloco detrás de su despliegue. Inútiles para una batalla entre infantería pesada, prefirió apartarlas para evitar que pudiesen ser más un problema que una ayuda (C), confiandoles tan sólo la tarea de atacar el campamento y la retaguardia de Cesar una vez que la batalla hubiese comenzado (10). La infantería ligera con armas arrojadizas fue repartida, también como era usual, entre todo el frente, concentrando los más en su flanco izquierdo, prestas a acompañar a la caballería en su ataque.

La Caballería, verdadera clave de la batalla, fue desplegada finalmente (se dudaba) en el lado izquierdo al detectar que en ese flanco se situaba, frente a ellos, la X Legión de César. Pompeyo sabia que César siempre se colocaba junto a esa Legión, por lo que, como tenían pensado cargar contra el flanco en donde él se situase, concentraron contra esta el grueso de los jinetes (K), exceptuando un contingente de caballería del Ponto que fue situado en el lado derecho (E).

Las legiones fueron distribuidas de la siguiente manera; el centro para las fuerzas de Escipión, seis legiones de Siria, la izquierda para las dos legiones que habían combatido con César (las más fiables), al mando del antiguo general del mismo, Domicio. A la derecha Lentulo con la Legión Cilicia y las fuerzas traídas desde Hispania por Afranio. Asi pues, de fuerzas más o menos regulares 9 legiones.

La ubicación de Pompeyo en el despliegue varió, para cuando César se apercibió de ella se encontraba junto a Domicio, pero luego posiblemente cambio de posición con frecuencia. Lucano lo localiza en la retaguardia dominando el campo, Plutarco en su derecha y Cesar en su izquierda...



César:

El ejercito que César alineaba en Farsalia eran los restos, bastante desgastados, de las fuerzas de la campaña precedente, tropas que habían sufrido los suyo y no se encontraban precisamente en su mejor momento. Meses atrás, sus legiones habían sufrido un serio desgaste en combate tanto en Dirrachium como en los frentes de Macedonia y Tesalia, en donde también tuvo César algunos reveses por medio de sus lugartenientes. Tal eran sus perdidas que él mismo da la cifra de 22.000 legionarios para las 9 legiones de que dispone, es decir, unos 2.200 legionarios por unidad. A raíz de esta debilidad, hizo todo lo que estuvo en su mano para reclutar todos los auxiliares posibles, y tanto es así que reclutaba a la fuerza a todo hombre con el que se topaba en su camino por Tesalia. En cuanto a los aliados más o menos voluntarios, se alinean junto a él como infantería ligera los etolios, los dolopes y los acarnanios (Apiano). Por mi parte, puedo aceptar esa cifra como mínima, pero indefectiblemente hemos de elevarla pues de lo contrario no nos saldrían las cuentas que nos ofrece el propio César (7). Consideremos pues que dispone de unos 26.000 romanos a los que sumariamos unos, por dar alguna cifra, 5.000 auxiliares y 1.000 jinetes.

Un problema a la vez que una ventaja, según las circunstancias, era la edad media de los legionarios de César, parece ser que relativamente alta como correspondería a su fama de recios veteranos. Esto suponía para César, como él mismo reconoce, el que sus hombres fuesen notoriamente inferiores a sus contrarios en todo tipo de trabajo físico, léase marchas o contramarchas, maniobras de fortificación etc. pero las desventajas se tornaban en lo contrario al llegar al combate, en donde la reconocida eficacia y veteranía de sus huestes obligaban a sus contrarios a volcar sobre el fuerzas mucho más numerosas para contrarrestar al menos con la cantidad la falta de experiencia de sus propias unidades.

Prolegómenos:

Lucano señala como Pompeyo dispuso a sus fuerzas en un férreo, ahora más que nunca, orden cerrado. A lo largo de toda la línea de batalla alineo a las unidades de vanguardia en un frente continuo, hombre con hombre, escudo con escudo, desde un flanco al otro, y tan cerrado que "casi" les impedía el uso de las espadas. Sin duda Pompeyo, aunque injustificadamente, no se fiaba de sus soldados y trata de presentar ante César un muro inamovible de escudos y gladius.

El plan de batalla deduzco que era muy simple. Presentar a César un frente totalmente cerrado, sin fisuras, en el que seria muy dificil hacer daño, mientras en el ala izquierda la caballería actuaba a sus anchas y deshacía la cohesión de todo el flanco enemigo. Al fin y al cabo era lo que le habían prometido tanto Labieno como sus oficiales, que antes de que pudiese César apercibirse, le habrían golpeado y destrozado con sus jinetes. Como veremos, al ser anulada esta amenaza, Pompeyo se quedo tan impresionado, decepcionado, y engañado que, literalmente, mando a paseo a todo su ejercito y su más que numerosa corte de senadores y generales.

Táctica de César en Farsalia :

El despliegue de César se vio condicionado tanto por su inferioridad numérica como por su también inferioridad de caballería. El primer condicionante, la falta de tropas, le impidió desplegar en toda la extensión de la llanura a sus fuerzas (Lucano). Al fin y al cabo si tenia que ser él el atacante necesitaba contar con una potencia de choque minimamente concentrada, cosa que no podría conseguir si se veía obligado a debilitar todo su frente al tratar de cubrir también el sector por donde atacaría la caballería enemiga. El segundo condicionante le obligo a desarrollar una táctica especifica que le permitiese tener alguna oportunidad ante la marea de jinetes que esperaba caerían sobre él. Pensó, y llevo adelante, en reunir una serie de soldados a los que emboscar y lanzar por sorpresa sobre la, supondría, confiada caballería enemiga. César sabia que en este punto radicaba, al menos, su única oportunidad. Si lograba detener o retrasar el avance de los jinetes enemigos el dispondría de tiempo para romper el frente de su enemigo.

Al final César, como veremos, no consiguió romper la resistencia del frente enemigo mediante el asalto frontal, y sólo hasta después de que, sorprendentemente, los jinetes de Labieno no fueran dispersados no se logro, mediante el flanqueo, derrotar y poner en fuga al ejercito de su rival.
LA BATALLA, 9 de agosto del año 48 a.C.

Los dos ejércitos, formados, se mantuvieron largo tiempo observándose. Dión Cassio comenta como los soldados romanos de ambos bandos se mantenían en silencio, en cierto modo abatidos, un enfrentamiento como este no era del agrado de ninguno. Fue César el que primero dio la orden de ataque, Pompeyo inmediatamente después. Sin embargo, el desánimo seguía cundiendo entre las filas de los dos ejércitos. Este impasse fue sólo roto por el inicio del combate, inicio que vino de mano de los auxiliares, quienes, al margen del sentimiento que embargaba a las tropas romanas, comenzaron el mutuo intercambio de proyectiles. Es en este contexto en el quizás que se enmarca el ataque de Crastino, el centurión de cesariano quien, al frente de 200 hombres, sale de su formación rompiendo con la dinámica que se había impuesto atacando inopinadamente la línea de batalla de su enemigo.

Cesar critica la disposición que Pompeyo hace adoptar a sus hombres, la de detener su avance y esperar en formación el ataque de sus soldados. Esta decisión de Pompeyo, la de permanecer quieto, fue interpretada por Cesar, sin concesiones, como un error (1), probablemente porque, como sospecho, sus escritos provienen de sus observaciones e impresiones durante la misma campaña, sin que haya podido, o querido, revisar más adelante con mas calma y perspectiva lo acontecido por aquellos días, cosa de lo que, como vemos para este caso, es ampliamente abordado por la triada que tenemos de historiadores posteriores: Dión Cassio, Apiano, Lucano, e incluso Plutarco.

Cesar trata aquí injustamente de cargar sobre su rival un yerro que no es tal. Pompeyo, y sigo ahora a Apiano, había desplegado a sus cohortes mezclando los diferentes tipos de unidades, auxiliares, veteranos, reclutas.., deseaba con ello que las tropas mas aguerridas apoyasen a las menos preparadas tratando así de dar cierta cohesión a la línea de batalla. Cuando da comienzo el lance, y ambos bandos inician el avance, a converger, Pompeyo es advertido (Plutarco) de que las tropas menos preparadas (auxiliares y aliados), no se consiguen mantener el orden durante el avance (17). Para nada desea el general republicano llegar a las manos con los cesaristas sin presentarles un frente de batalla correctamente cerrado y cohesionado, así que, después de meditarlo, da la orden de detención. Si las unidades no pueden permanecer cohesionadas durante el avance, tendrá que esperar el ataque adoptando una posición estática, la única que le permitirá mantener sus líneas correctamente dispuestas.

Es difícil establecer un orden claro, una secuencia, sobre las distintas fases de la batalla. Si seguimos a Lucano, fue la caballería pompeyana, la de Labieno, la que comenzó el ataque en el extremo de la formación. Apoyada por la infantería ligera golpearon y rechazaron a la mucho menos numerosa caballería cesariana que cubría el flanco derecho de César. Aquí debemos seguir ya los escritos de César quien relata como, rechazada por los lanzadores de proyectiles del enemigo, su caballería retrocedió sobre la X Legión. Evidentemente el movimiento estaba ya previsto por su general, sus 1.000 jinetes no podrían sostenerse contra los cerca de 6.500 que se les venían encima. Lo cierto es que como era previsible arrastraron tras de si a los atacantes.
LAS COHORTES EMBOSCADAS

Los datos que tenemos acerca de la posición del contingente que situó César emboscado son pocos, aunque permiten llegar a algún tipo de conclusiones:

-Según César las cohortes fueron emboscadas preparadas para embestir a su señal.
-Según Apiano fueron emboscadas, efectivamente, y dice más, que lo fueron detrás de la X legión.
-Plutarco tan sólo comenta que las cohortes, llegado el momento, acudieron al combate, esto poco nos dice salvo que quizás, se encontraban todavía algo alejadas del lugar en donde la caballería enemiga realizaba sus evoluciones, salieron pues de su lugar, se desplegarían y avanzarían a la carrera contra sus enemigos. La lógica de este argumento es que César efectivamente las oculto, pero luego, al avanzar las líneas las unidades quedaron un poco retrasadas, por ello, al salir de su encondite y desplegarse tuvieron que avanzar una cierta distancia, o bien que sencillamente estaban ocultos detrás las ultimas líneas romanas.
-Lucano es el que más datos aporta, los sitúa detrás de la X Legión y en posición oblicua..

A tenor de los datos antes expuestos los estudiosos se dividen a la hora de interpretarlos , ver diagramas adjuntos.





Para mi la más probable es la versión 1, por varias razones:


A): por que es la que más se adapta al concepto de emboscada, detrás de las líneas es, en principio, mas fácil realizar los movimientos precisos para ocultar a tal numero de hombres.


B): por que responde bien a la idea de defensa del flanco, que es lo que, en principio, desea César. Si observamos, por ejemplo, la disposición del frente de batalla de Alejandro en la batalla de Gaugamela, adopta una posición en ángulo para defender el flanco de su formación, pues como es sabido el primer impulso de la caballería es perseguir a los jinetes enemigos en retirada, pero el segundo es girar y atacar inmediatamente el extremo del flanco de la formación rival, por ello Alejandro cubre sus flancos de esa manera, para hacer que la caballería atacante tenga que hacer una maniobra más dilatada. César, al ocultar en esa misma disposición sus unidades acertó en la idea de que la caballería de Labieno, torpemente mandada por este aprendiz de Asdrúbal, realizaría inmediatamente un ataque de flanco contra la X legión, de hecho Apiano menciona que comenzaron ya a flanquear esa unidad justo en el momento en que se lanzaron al ataque los legionarios ocultos.


C): Esta posición es la que mejor concuerda con las pocas pistas que nos han quedado de los hechos, léase: Apiano, que menciona la posición de las cohortes, detrás de la décima legión, y sobre todo Lucano, quien la sitúa en oblicuo, detrás de las enseñas. Lo razona el poeta señalando que César no quería estirar su ala, forzándose así a debilitar toda su línea de batalla, por lo que empleo la estratagema de emboscar a ese grupo de cohortes aunque eso les pudiera exponer a ser rebasados.


D):César en sus comentarios afirma que su caballería, al darle el la orden de repliegue, se dividió en dos columnas y paso por entre sus unidades a cobijo de la retaguardia. Evidentemente si las tropas romanas estaban ocultas tras la X legión (Plutarco) también lo estarían para sus jinetes que venían ahora de frente. Así pues, estos retrocederían ahora ordenadamente hacia las posiciones ocupadas por la X legión, las únicas cercanas dispuestos en formaciones, como aclara César, y por entre las cuales las columnas de caballería en retirada se replegarían atrayendo hacia ellos, además, a parte de la caballería enemiga. Siguiendo a Lucano, sabemos que César dudaba que las cohortes de la X situadas en ese flanco pudiesen resistir la arremetida de la caballería de Labieno, y que por eso dispuso detrás de esta a las cohortes emboscadas. Parece claro que esperaba que el empuje enemigo se dirigiría a destrozar su flanco, más que a rebasarlo al estilo Cannas, una excepción a la regla.

-Cuando adopto la idea de tropas emboscadas (ya que esta es la denominación aceptada), no tengo por menos que pensar en Aníbal, para el cartaginés, emboscar tropas es realmente ocultarlas, bien en oquedades del terreno, tras una densa vegetación o entre los cañizales de las riberas de los ríos, se entiende pues que con un evidente desorden impelido por las circunstancias, por ello cuando se explica que la caballería romana se retiro por entre los huecos de sus unidades entiendo que se replego sobre las cohortes de la X legión, la que formaba en el flanco romano y la única que, en la dirección en la que venían, podían observar.-


G). Cuando la caballería de Labieno debe retroceder, no olvidemos que es una macro formación de unos 6000 jinetes, no lo hace hacia la infantería ligera y, por extensión, en dirección al campamento, lo hace hacia las colinas. En cualquier batalla (los ejemplos antes utilizados valen) el grueso de los jinetes, cuando son repelidos, giran 180º y huyen. Por que digo esto?, porque por deducción nos indica que se encontraban ya en fase de rotación cuando fueron repelidos por los legionarios de César. Sólo el despliegue de la versión 1 encajaría en esta lógica.


F). Finalmente, según Apiano, el plan de Pompeyo era concentrar el ataque de la caballería contra la X legión, en donde sabían que además siempre se situaba César, por ello el avance de la caballería de Labieno se haría en dirección al flanco, no a la retaguardia.

La batalla entre las tropas de a pie fue intensa y muy dura. Toda la llanura estaba repleta de soldados de toda condición. En primera línea, y evolucionando cuando les era posible, los lanzadores de proyectiles, junto a ellos, y cuando se llegaba al cuerpo a cuerpo la infantería pesada. Podemos llegar a deducir por los escritos que el combate se desarrollo principalmente en el flanco izquierdo y en el centro (del lado Pompeyano). Fue en esos sectores en donde César dirigió personalmente el ataque.


El momento álgido de la batalla quizás se dio al comienzo del choque. César debió maniobrar con su infantería haciendo avanzar el centro y, posteriormente, una vez que desapareció la amenaza de la caballería de Labieno, la izquierda de su dispositivo. Al margen de lo que sucedía en el extremo izquierdo en donde los jinetes pompeyanos eran dispersados con éxito por los hombres de César (sin duda ni el propio César podía esperar que sus tropas se impusiesen tan claramente en aquel sector), todo el empuje fue dirigido a tratar de romper el frente de batalla de Pompeyo. Todos los autores concuerdan en señalar que la infantería pompeyana resistió el choque con los veteranos de César consiguiendo, pese al esfuerzo personal del propio César, clavarles sobre el terreno (16). Era el momento, desaprovechado por Pompeyo, a juicio de Plutarco, de hacer valer su superioridad numérica y ordenar avanzar su flanco derecho, las legiones de Lentulo (13) que se mantenían inactivas. Es quizás este error, esta falta de arrojo táctico, el que condeno al ejercito pompeyano pues, si bien resistían perfectamente y es posible que con ventaja en todo el ancho del campo de batalla, al no tomar la iniciativa esta cayo de lleno en el regazo de César, sus fuerzas, una vez dispersada la caballería pompeyana, corrieron a lo largo del campo de batalla aplastando a la infantería ligera y comenzando a atacar de flanco a las fuerzas de Domicio Ahenobarbo.


¿Y que ocurrió con Pompeyo?. Según los escritos, tras apercibirse de la aplastante derrota de la caballería de Labieno, algo que realmente nadie podía haber esperado dada la superioridad numérica de que disfrutaba y la teórica competencia de sus mandos, quedo tan ofuscado y decepcionado, (recordemos que fue el propio Labieno uno de los que con más arrogancia insistió en presentar batalla) que sencillamente se hundió. Quizás se dio cuenta que se había dejado arrastrar por aquellos incompetentes y turbulentos generales y políticos a una batalla que no tendría porque que haberse llevado a cabo. Soy partidario de pensar que si se marcho entonces del campo de batalla fue por pura rabia, por no ver la cara de todos aquellos que durante días se habían reído de su supuesta pusilanimidad y que ahora serian, sin duda, los que más se sentirían aterrados ante la visión de aquellas unidades, en las que habían puesto todas sus esperanzas, huyendo del campo en una incontrolable fuga.


LLegados a este punto, las fuerzas irregulares que Pompeyo había situado en la retaguardia en la esperanza de que al menos podrían lanzarse, a través del hueco abierto por los jinetes de Labieno, contra el campamento y retaguardia de César, y que hasta entonces habían optado inopinadamente por esperar acontecimientos, abandonaron sus posiciones y huyeron en dirección al campamento. Parte de estas fuerzas serán las que luego defiendan las empalizadas contra el ultimo ataque de César.


Lucano señala, con evidentes señales de admiración, la frenética actividad de César entre sus líneas. En lo más duro e incierto de la batalla, el centro, lugar en donde Pompeyo alinea a lo mejor de las tropas (11), Cesar se emplea a fondo: recorre las filas presionando, empujando a los suyos, golpeando a los timoratos o rezagados, y ayudando con sus propias manos a los heridos, comandando la difícil lucha y sosteniendo así un empuje que se vio realmente comprometido por la tenaz resistencia de su enemigo. Sólo la eficaz actuación de su flanco derecho, que acabo flanqueando el ángulo de la línea de batalla pompeyana, permitió finalmente salir victorioso al centro de su dispositivo. Allí, en el flanco, cayo con las armas en la mano el pompeyano Domicio Ahenobarbo, su comandante(2).


César trata de escenificar como gracias a la puntual utilización de sus reservas el frente enemigo cede y se da a la fuga. Realmente es sólo el ataque de flanco el que termina por destrozar las legiones de Domicio, y en definitiva lo que provoca la derrota de toda la línea pompeyana. Tampoco es la victoria que trata de hacernos creer. Sólo las legiones pompeyanas implicadas en el flanco antes descrito son las que sufren ingentes bajas siendo aplastadas o capturadas, la mayor parte del centro y el flanco izquierdo logra retirarse con orden y reagruparse algunos kilómetros mas atrás. César ha hecho lo imposible para lanzar ahora su flanco derecho sobre el atrincheramiento del campamento de Pompeyo. Este, totalmente abatido, ha decidido poner tierra por medio abandonando cualquier posibilidad de resistencia.

Asalto al campamento pompeyano.


Finalmente y en un ultimo esfuerzo, César conseguirá reagrupar a el numero de tropas suficientes como para asaltar seguidamente el campamento de Pompeyo. Temía, con razón, que los pompeyanos pudiesen llegar a reagruparse y rehacerse de la derrota. El asalto de la empalizada, ataque encabezado por el propio César a fin de enardecer a sus agotados legionarios, encontró una cierta resistencia en los tracios y otros irregulares que se encontraban en aquellos momentos refugiados en la fortificación. Los romanos que también se encontraban en ella, al margen de las cohortes de guarnición, estaban agotados, desarmados (14), y con pocas ganas de continuar la lucha, pues, además, ya debía haber corrido la voz de que los soldados romanos serian perdonados inmediatamente al deponer las armas. Los tracios y demás bárbaros no eran rivales para unos asaltantes como aquellos, por lo que pronto fueron superados y puestos en fuga. Tomada la empalizada, la fortificación cayo en manos de los cansados soldados de César que ponían así fin a largos meses de penalidades al poder disfrutar ahora de todo lo que aquel gigantesco campamento ponía a su disposición. Sin embargo, gran numero de soldados de Pompeyo (un mínimo de 4 legiones) consiguieron retroceder, en su huida, hasta una colina en la que pronto fueron rodeadas por su infatigable enemigo. Bloqueados por la construcción de una empalizada, y así aislados y desabastecidos, no tardaron en dar la partida por perdida y entregarse sin condiciones.


Grecia, y con ella todo el Oriente, se habían perdido para la causa republicana. Pero Pompeyo todavía tiene ingentes fuerzas, domina el mar, África y, pronto, Hispania. La guerra no ha terminado ni de lejos, tan sólo ha sido una batalla, quedan todavía muchos combates, asedios y matanzas antes de que se pueda poner fin al lucha..


NOTAS:

(1) Lucano, en La Farsalia, es el único que comenta estos hechos. Quizás, al salir con celeridad para la batalla, o bien no quería dar tiempo a Pompeyo arrepentirse de su decisión, o bien temía un rápido avance del mismo.


(2) Lucano escenifica el encuentro de César con un Domicio moribundo.


(3) Cesar, tras la batalla (tanto esta como las demás) no se ensaña con sus enemigos, sólo vuelca su rabia con los personajes que, perdonados anteriormente por él, han vuelto a tomar las armas. Tras Farsalia un grupo de estos será capturado y ejecutado sin piedad.


(4) Por ejemplo Catón, había acudido en tiempos a Dirrachium con un mínimo de 10 cohortes, ejercito que fue, posiblemente, el que luego el propio Pompeyo le confío.


(5) Según cuenta Lucano: "Ninguna figura más delicada que la de Pompeyo; siempre enrojecía ante un circulo de oyentes, sobre todo en las asambleas".


(6) Es conocida su afirmación de que si ganase César Catón debería de morir, y de ganar Pompeyo, desterrarse.


(7) Según sus datos son un mínimo de 40.000 legionarios los que desembarcan en Grecia. En el momento de Farsalia las unidades conocidas, al margen de las de que dispone él mismo, son de unas, mas o menos, 10 cohortes en Apollonia y unas 15 en Beocia. Esto, en numero, vendrían a ser (aplicando la media de tropas romanas en las legiones de César en Farsalia) unos 6.000 hombres. Si a estos les sumamos los 22.000 de Farsalia, faltan, finalmente, un mínimo de 12.000 legionarios... Donde están??, unos 5.000 posiblemente muertos, heridos pocos, pues están en Apollonia y ya han sido evaluados, por tanto la cifra todavía restante de 5/7.000 hombres bien podría ser colocada en Farsalia.


(8) SegúnApiano en general por todas sus unidades, aunque luego también remarca que el centro pompeyano se encontraba ocupado exclusivamente por romanos.


(9) Son los representantes de aquello que Séneca llamo República de bandidos..


(10) Como veremos fueron incapaces de hacer nada provechoso. En cuanto vieron como se desarrollaba la batalla retrocedieron sobre el campamento, de hecho a algunos de ellos los encontraremos defendiendo el mismo cuando César lanza su ultimo ataque.


(11) En este punto se alineaban unidades exclusivamente romanas.


(12) Si seguimos los propios escritos de César, este se veía obligado a exponer a sus hombres sus planes. Sin duda la moral no era excesivamente elevada, la perspectiva de verse ninguneados por el enemigo y ser empujados hasta el ultimo rincón de Grecia en busca de algo de alimento no resultaba excesivamente gloriosa. César trato de elevar la moral hablando de los refuerzos que podrían sumárseles en Ática, las 15 cohortes, así como, llegado el caso, las dos legiones que se acercaban a través de la costa iliria ( por mar el camino estaba totalmente cortado).


(13) Sus legiones no intervendrían finalmente en el combate pudiéndose replegar más o menos ordenadamente hasta la retaguardia..


(14) Habían huido del campo de batalla, por lo que se habían desecho de la mayor parte de las pesadas y molestas armaduras o escudos. Las 7 cohortes que habían sido dispuestas para defender el campamento tampoco tendrían muchas ganas de sostener una batalla que, ante el arrollador impulso de los cesarianos, no presagiaba tener buen final. Además ya se sabia que todo el que depusiese sus armas seria perdonado, para que, pues, luchar hasta el fin. Sólo los bárbaros combatieron con denuedo, pues ellos si que serian aniquilados sin piedad de ser derrotados.


(15) Según César tras la batalla se contaron unas 15.000 bajas y 24.000 prisioneros, y eso contando con las tropas que ocupaban los diferentes puntos fuertes en la costa o en el interior y que se entregaron luego al paso de Sila. Aunque si seguimos a Asinio Pólion, que participo del lado de César en la batalla, sólo se recogieron 7.000 cuerpos de soldados de Pompeyo del campo de batalla.


(16) Lucano lo escenifica comentando que en aquel sector "la fortuna de César sufrió un parón".


(17) Lucano varia un poco; si que dice que los aliados se mantenían a duras penas en la formación, pero que decidió detener el avance cuando advirtió que la caballería de Labieno parecía ser detenida o rechazada.

Este articulo está realizado por " Satrapa1" y lo dedica a D.Jorge Eduardo Moises Oliver 8 ( Mexico D.C.). Mi opinión personal sobre el mismo, es excelente

martes, 13 de octubre de 2009

La campaña de Dirrachium, Farsalia, II parte.

Una vez reunidas las fuerzas de César y por supuesto consciente de la nueva situación en que se encontraba, decidió hacer uso de su recién ganada iniciativa estratégica, por un lado tenia a Pompeyo y su ejército poco dispuesto a presentar batalla, por otro, dos nuevos desafíos se presentan ante él, primero la falta de suministros, que le obligara a mantener permanentemente una pequeña fuerza armada a la busca de bastimentos para el grueso de sus fuerzas, segundo, se anuncia ya la llegada del ejército de Escipión, si bien relativamente no muy numeroso, dos legiones, cuenta con muchas tropas auxiliares y de un gran numero de jinetes aliados, desde caballería tracia hasta un grupo arqueros a caballo enviados por los sirios. Para hacer frente a estos desafíos César dividirá sus fuerzas: El primer contingente, con cinco cohortes de legionarios y algunos jinetes, al mando de Calvisio Sabino, marcharía hacia el sur, hacia Etolia, en busca de suministros, y con la misma función, sólo que mas reforzado por ir a una región mas habitada y expuesta como es Tesalia, Lucio Casio Longino con la XXVII legión (recién reclutada) y 200 jinetes. Y con la misión de ocupar parte de Macedonia que, parece ser, quería pasarse al bando de César y, llegado el caso, detener el avance de Escipión, Cneo Domicio Calvino con las legiones XI y XII y 500 caballos (1). Finalmente, César, con el grueso de sus fuerzas entrara en campaña contra Pompeyo, con la intención primera de entablar combate a la menor oportunidad, buscando en la táctica lo que mas difícil le resultara conseguir sólo con la estrategia. Pompeyo, acampado en Asparagio, esperaba impaciente el próximo paso de su rival, conocía las dificultades por las que este pasaba en cuanto al deficiente abastecimiento de su ejército, y esperaba, tal vez, que César se abandonaría a este imperativo antes que tentar un ataque contra sus fuerzas. César posiblemente había adivinado el parecer de su enemigo, pues cuando llega ante él, y advierte que Pompeyo no va a presentar la batalla que tanto anhela, cambia de plan y comienza a mover su ejército dejando ver a las claras que se ve obligado a marchar en busca de bastimentos, y cuando Pompeyo mas confiado y expectante esta, rompe con la marcha y gira repentinamente hacia el norte y forzando el paso pone rumbo a Dirrachium. César a optado por el plan mas arriesgado, por un lado cuenta con que la conquista de Dirrachium pondría en sus manos todo el material acumulado por Pompeyo durante el invierno, tanto armas como suministros, o como mínimo, conseguir cortar las comunicaciones entre la principal base de suministros pompeyana y su ejército (8), poniendo de esta forma en mala situación a Pompeyo, tanto estratégicamente como políticamente, pues los dos bandos, pero sobre todo Pompeyo, no puede permitirse ser derrotado estratégica o tácticamente por César. La otra cara de la moneda es que, ciertamente, Dirrachium era de muy difícil conquista, sobre todo si se veía apoyada desde el exterior por fuerzas considerables, como las de Pompeyo, y con el mar expedito para dar o recibir tropas o suministros, la situación además en que se encontraba la población, encuadrada en una agreste y pobre región del norte del Epiro, o sur de Iliria, según como se quiera ver, no permitían al asaltante, y mucho menos en la parca situación en que se encontraba el ejército de César, mantenerse sobre el terreno durante el tiempo imprescindible para llevar adelante con éxito tan difícil tarea. Sea como fuere, el ejército de César comenzó la carrera en dirección a Dirrachium, Pompeyo, cogido a traspiés por su rival, no acertó a imprimir a sus soldados la suficiente celeridad o bien César, al contrario, consiguió de sus hombres un supremo esfuerzo para llegar, como llego, primero a la llanura que se abre ante Dirrachium, Pompeyo, que ha visto como su rival ahora le ha cortado el paso, decide mantenerse en el lugar para evitar que César pueda volcar todas sus fuerzas e ingenio contra la importante base naval (16). Se fortifica entonces el ejército pompeyano en las alturas que, a pocos kilómetros de Dirrachium, se extienden siguiendo la línea costera, costa que además dispone de un buen fondeadero natural y que Pompeyo lo utilizara como puerto de entrada de los suministros que necesitara para esta nueva fase de la campaña.



Llegados a este punto, César debe decidir que plan llevar adelante, primero y como medida inaplazable mandaría los suficientes contingentes de tropas a los alrededores, y a las regiones cercanas, para hacerse con todo lo que pueda servir para alimentar a sus hombres, en cuanto a las acciones puramente militares, realmente difícil se presentaba la tarea, por un lado asaltar Dirrachium era poco menos que imposible, sólo gracias a una traición o golpe de mano se podría forzar sus murallas, así pues, la única opción viable, a corto plazo, es atacar a Pompeyo antes de que este se fortifique con solidez en las posiciones que ahora ocupa. En este punto César, como viene siendo habitual y más en esta campaña, oculta datos vitales para la comprensión de los acontecimientos, siguiendo a Dion Cassio (y a Apiano) leemos que la primera acción de César fue intentar forzar las fortificaciones de Pompeyo en las colinas, confiado en el mayor numero de sus fuerzas, efectivamente, Pompeyo se encuentra todavía muy disminuido de unidades por varias razones, la principal es que todavía tiene bastantes soldados embarcados o dispersos en guarniciones. César fracasa en sus asaltos y, por otra parte, Pompeyo no le ofrece batalla en campo abierto(2). Es ahora cuando decide variar de estrategia y pasar a construir el famoso muro de circunvalación pues, ya que no puede expugnar las
defensas de su enemigo, lo encerrara en una estrecha franja de terreno. La utilidad de esta maniobra estará por ver, pues Pompeyo no es un Vercingetorix ni sus tropas hordas de bárbaros, como veremos a continuación los planes de César se dan al traste, demasiada tarea para sus legiones, no supo calibrar la dificultad de la obra y, sobre todo, subestimó la capacidad de su adversario, el resultado casi supuso la total derrota de su ejército.




EL PLAN DE CÉSAR Y LAS CONTRAMEDIDAS DE POMPEYO.





La tarea que se proponía llevar adelante Julio César era ciertamente titánica, se trataba de mantener Dirrachium bajo un cierto control y al mismo tiempo construir una doble línea de fortificaciones que rodease las posiciones de Pompeyo con, es de suponer, la misión o bien de estrangular la capacidad de suministro de su ejército, o bien con el objetivo de obligar a su rival a evacuar humillantemente la posición que defiende, derrotando por tanto, con todas las de la ley, a las fuerzas pompeyanas:



César


Legiones IX, X, VIII, mas otras 5 sin identificar (una de ellas reducida a 5 cohortes).
En total 8 legiones: Un mínimo de 500 jinetes y 30.000 infantes.
César ha tenido que dividir sus fuerzas en muchos grupos, se sabe de sus guarniciones en Lissus y Oricus, y de los contingentes bajo Domicio, Casio Longino, Calvisio Sabino y Lucio Canuleyo. En este punto si que es realmente difícil acertar con la cifra de soldados bajo sus banderas. Esta faceta del artículo estará bajo revisión hasta que concluya la parte III de la narración, una vez que una todas las piezas del puzzle.




Pompeyo


Legiones I, III, IV, V, XXXVII mas otras 4 sin identificar.
En total 9 legiones: Unos 2.000? jinetes, +/-25.000 infantes. El numero de auxiliares es desconocido, quizás 5/10.000.
Sabemos que la mayor parte de su caballería, con Labieno, esta en Dirrachium y es igualmente previsible que parte de su infantería también. Cuenta con guarniciones en Acaya y en diversos puntos fuertes de la costa de Etolia y Acarnannia, amen de las consabidas tropas embarcadas, que poco a poco se irán uniendo a él o desembarcaran en la ciudad sitiada.

Pompeyo, en principio, se limito a fortificar su campamento, que poco a poco seria reforzados por mas unidades provenientes de la flota, y organizar la defensa de Dirrachium, a donde envió a Labieno para, con su caballería, acosar las lineas y la retaguardia del ejército de César. Y en cuanto César dejo claras sus intenciones, con la frenética construcción del muro de circunvalación(17), Pompeyo se dispuso a su vez a dificultar la tarea de su rival trazando, paralelo a las líneas que construía César, otra línea de fortificaciones, de esta forma César y Pompeyo emprendieron una carrera intentando, uno, encerrar contra el mar al otro, y el otro, alargar lo mas posible sus trincheras para no ser envuelto. Por el lado de Dirrachium, y dado que Pompeyo había mandado allí a la caballería con Labieno, se hostigaron con éxito las líneas de César hasta que este emprendió la fortificación de los dos accesos a la ciudad. Una vez anulada la caballería de Labieno, esta fue retirada, reembarcada y transportada a las posiciones en las colinas.



Para César Dirrachium se presentaba como un objetivo vital en si mismo, si llegado el caso no conseguía forzar a Pompeyo, la conquista de Dirrachium compensaría con creces esa decepción, por ello tampoco cejaría en la tarea de hacer caer en sus manos la importante base naval. Comienza así la larga batalla llamada de Dirrachium, una batalla en la que son continuos los golpes de mano de uno y otro contendiente, ataques nocturnos, asaltos mutuos a los distintos baluartes, una continuada guerra de desgaste en la que ambos bandos sufren por igual, con el aditivo, para César, del pésimo abastecimiento al que se ven abandonadas sus tropas, hecho este que César, siempre jugando al limite, lamentara mas adelante.
Como es habitual en los escritos de César de nuevo vuelven las desmesuradas cifras de bajas en las filas de sus adversarios, así leemos que en los encuentros habidos en determinada jornada por todo el perímetro fortificado, son 2.000 los pompeyanos abatidos por tan sólo 20 de sus legionarios, también, por desgracia, nos oculta los encuentros claramente adversos, como el que relata Dion Cassio durante un ataque a Dirrachium. Según parece, César, había sido informado de que se había llegado a un acuerdo con un grupo de traidores dentro de la población, que el acceso a la misma podría ser facilitado al llegar determinada noche ante sus puertas, así se hizo, marcho César entonces con un contingente de tropas escogidas hacia las puertas de la ciudad, pero como quiera que los pantanos que la "protegen" sólo dejan una estrecha franja de terreno entre el mar y las marismas para acceder hasta ella, el ejército de César tuvo que marchar en columna, y encontrándose embarazado en pleno cruce del pantano, la guarnición de Dirrachium, preparada al efecto, hizo una repentina salida atacandole frontalmente, y al punto, tropas pompeyanas desembarcaron en el flanco costero atacando a su vez de lado a la columna enemiga a la que falto muy poco para ser completamente destruida, y sólo la probada pericia del propio César, suponemos, para estos casos extremos, le permitió salir, si no indemne, si con vida de la celada. Fue precisamente este hecho, esta victoria nocturna, la que animo a Pompeyo a tentar de una vez a romper las líneas de circunvalación de César, y que se llevo adelante con un éxito indiscutible.

OPERACIONES MENORES DE LA ESCUADRA POMPEYANA III

Había dejado César en Oricus, al mando del legado Acilio, a tres cohortes de guarnición con la misión de proteger los navíos traídos de Italia (ignoro cuales, pues los de Antonio estaban en Iliria). Cneo Pompeyo (hijo de Pompeyo), a la sazón parece que jefe de la escuadra pompeyana, se llego hasta la bocana del puerto con la intención de destruir todo navío enemigo que pudiese encontrar. Acilio, como medida de prevención, había bloqueado la entrada al puerto hundiendo un transporte en ella, amarrado a este coloco otro barco pesado en el que construyo una gran torre sobre la que dispuso una guarnición de arqueros, los barcos de César fueron amarrados luego a tierra protegidos por la ciudad, y bien apartados de la entrada al puerto. A Cneo Pompeyo, dada la superioridad de sus medios, no le fue difícil arremeter contra esa improvisada fortaleza flotante, para ello distrajo antes a la guarnición atacando con sus fuerzas varios sectores de la muralla de la ciudad, de esta forma, el reducido numero de defensores de la fortaleza flotante tuvo que desalojar sus posiciones tras un fuerte ataque de su enemigo. Una vez rechazadas las fuerzas Césaristas de la batería flotante, condujo Pompeyo a través de la lengua de tierra que, de uno de los lados, da forma a la rada del puerto, a cuatro navíos mediante el uso de rodillos. Una vez puestos a flote dentro del puerto, ataco sin oposición los desvalidos barcos de transporte varados en la playa incendiando todos menos cuatro que remolco para si. Tras concluir con éxito la operación, se alejo de Oricus y se dirigió al norte en donde intento, ya sin éxito, tomar con sus fuerzas Lissus, aunque si logro otro de sus objetivos, destruir los últimos barcos de Antonio, 30 transportes, que se encontraban recogidos en el puerto. César, a partir de este momento, se ha quedado ya sin fuerzas navales, al menos en el Adriático.
Volvamos ahora al momento en que César consigue, sin duda tras muchos esfuerzos, rodear finalmente al ejército de Pompeyo en las colinas en donde este se hace fuerte, Pompeyo es consciente de que, tarde o temprano, debe conseguir romper el cerco enemigo so pena de salir mal parado, mas que militarmente, moralmente, que no es poco. Si ya sus tropas se sienten sin duda inferiores a las Césarianas, cualquier golpe moral puede acabar por forjar el mito del César invencible, Pompeyo no puede permitir que esto ocurra y por ello esta decidido a forzar las posiciones de su adversario.


Los relatos de los enfrentamientos entre los ejércitos de Pompeyo y César en las fortificaciones que ambos construían junto a Dirrachium son muchos, aunque dispersos por los diferentes autores, Plutarco, en Vida de Antonio, nos habla de dos celebres choques entre las tropas pompeyanas y Césarianas en las que los pompeyanos consiguieron derrotar a sus enemigos pero que, gracias a la intervención del propio Antonio con sus fuerzas de reserva, se pudieron rehacer y rechazar a los pompeyanos hasta sus líneas.César relata varios choques más, en definitiva, durante los mas o menos dos meses que parece que duro este tipo de guerra los combates de baja y media intensidad fueron continuos y, sin duda, las bajas repartidas por igual entre uno y otro bando, como bien señala Dion Cassio.


Por aquellos días, César lleva ya tiempo sufriendo los efectos del desabastecimiento, sus hombres están cansados y la tarea que llevan a cabo es superior a sus fuerzas, el perímetro que tiene que cubrir su ejército es demasiado amplio como para, teniendo en cuenta a quien tienen delante, salir triunfantes de la prueba. Pompeyo prepara el contraataque, para él es sencillo acumular en un sólo punto un gran numero de cohortes, el ataque será pues avasallador. Según César, la penetración pompeyana fue decisivamente facilitada por dos nobles galos que desertaron de su lado para escapar de un justo castigo por su comportamiento corrupto y desleal, César argumenta que fue a causa de estos dos hombre, de la información que proporcionaron a Pompeyo, por lo que este ataco precisamente en el punto mas vulnerable de su dispositivo. Personalmente creo que es falso lo que nos transmite César, si que en efecto los dos hombres informaron a Pompeyo de datos de importancia, pero sin duda el ataque contra el perímetro de fortificaciones de su enemigo fue obra del mas que sensato raciocinio del propio Pompeyo, que escogió para romper la líneas Césarianas el punto mas alejado del campamento del propio César, que además, había sido el ultimo punto al que habían llegado las tropas de este y por tanto es lógico que estuviese, en cierto modo, menos preparado que otros puntos de la obra, también, por su ubicación, podía ser atacado al mismo tiempo desde el flanco marítimo, era pues, evidentemente, el punto mas vulnerable de toda la línea Césariana, por ultimo, descargaría tal golpe de gente, tanto legionarios como lanzadores de proyectiles, que los defensores se tendrían que ver superados por necesidad.



LA BATALLA FINAL

Preparo Pompeyo detenidamente el plan de de ataque contra las fortificaciones de César, volcaría sobre las defensas de su enemigo un golpe tal, del que seria difícil pudiesen recuperarse. Concentro para el lance a un numeroso grupo de flecheros y auxiliares de infantería ligera, a todos estos los embarco y condujo hasta el flanco marítimo por donde se podría atacar la línea de fortificaciones Césarista tanto por el lado que la al mar como por su retaguardia. De frente lanzo Pompeyo dos de sus legiones, las tropas de vanguardia incluían en su vestimenta protecciones de mimbre contra los tiros de honda (14), única arma arrojadiza de larga distancia con la que contaban las fuerzas de César, todo el genio de Pompeyo se vuelca en conseguir el éxito en la operación, de esta forma, las tropas, arengadas por el propio Catón, se lanzan con entusiasmo contra las líneas enemigas, da comienzo así la fase final de la larga batalla de Dirrachium.

Atacados así por sorpresa los legionarios de la IX legión de César que guarnecían el sector, poco pudieron hacer ante la avalancha que se les vino encima, por un lado los flecheros enemigos, que consiguieron cubrir el avance de las tropas que tomaron las fortificaciones de la fachada marítima, las cuales, una vez abierto el flanco, comenzaron a penetrar en dirección a la retaguardia de las cohortes Césaristas. De esta forma, los legionarios que difícilmente se defendían frente a las 20 cohortes pompeyanas que avanzaban frontalmente contra ellos, se vieron totalmente desbordadas al tener que dar cara también a las numerosas tropas que les atacaban por la espalda, el pánico se apodero de los soldados de César, que comenzaron ahora una precipitada fuga. La persecución de las tropas Césarianas se llevo adelante con saña, los pocos refuerzos que iban llegando de este lado se contagiaban del pánico y se unían también ellas a la fuga. Por fin, cuando hizo acto de presencia Marco Antonio, con 12 cohortes, se pudo rehacer el frente. Los pompeyanos se dieron entonces por satisfechos y retrocedieron, se habían hecho con un amplio sector del lienzo de las empalizadas, Pompeyo inmediatamente tomo posesión de ellas y comenzó a trasladar allí todo su ejército, César, que llegaba ya al lugar con refuerzos tuvo, en principio, que darse por vencido en tanto en cuanto preparaba el desquite.



EL CONTRAATAQUE DE César

Relatamos a continuación el celebre combate provocado por César en el que sus fuerzas se vieron rebasadas por el enemigo y que condujo a su derrota final en la batalla por Dirrachium.



Pompeyo sitúa sus nuevos campamentos, a donde llevara a casi todos sus efectivos, en el área recién conquistada a su enemigo.






Cesar reorganiza sus posiciones, ahora construye nuevas fortificaciones de cara a las nuevas líneas establecidas por su enemigo, reúne, no obstante, un gran numero de unidades en espera de alguna oportunidad de resarcirse de la derrota.





Un campamento (15) que había sido construido por la IX legión de César tras la primera derrota y que luego fue abandonado, reocupado por el enemigo (18) y luego de nuevo abandonado por este, a ese campamento es de nuevo enviada una legión por Pompeyo con la intención de reocuparlo.





César, presente en la zona y expectante por lo que pueda ocurrir, es informado que se ha divisado a la legión de Pompeyo marchando sin cobertura en dirección al campamento abandonado. César decide movilizar sus fuerzas y lanzar un ataque sorpresa contra la desvalida legión pompeyana, él en persona ira en cabeza del ataque y para ello reúne 33 cohortes, algunas ya bastante tocadas tras el reciente descalabro. La columna de ataque fue dividida en dos partes, avanzando paralelas y alejándose lo mas posible de la vista de los centinelas pompeyanos.




El rápido movimiento de César no fue detectado por los enemigos, por lo que al punto de llegar frente al fuerte enemigo Pompeyo cayo en la cuenta de la celada, la legión pompeyana, enfrentada al rápido ataque, cedió rápidamente las posiciones de la primera empalizada, de donde, conducidos por César, los legionarios asaltantes empujaron a los defensores que corrieron a establecerse en el segundo fortín interior, la férrea defensa que hacían los pompeyanos de sus posiciones, de las que no obstante fueron de nuevo expulsados, hicieron ganar un tiempo precioso a Pompeyo.





La segunda columna de ataque, encargada de flanquear el fuerte atacado se encontró, sin apercibirse, con la empalizada que se llegaba hasta el río, la siguieron pensando que era efectivamente parte del propio fuerte, al llegar a su final, junto al río, se dieron cuenta de su error, no obstante la atravesaron hombres y caballos aunque con mas precipitación y desorden del debido.





Cuando las tropas Césarianas intentaban torpemente formar al otro lado de la empalizada, junto al río, la caballería pompeyana, en pleno, evolucionaba ya frente a ellos preparada para cargar, el pánico se apodero inmediatamente de los hombres de César, a partir de este momento el flanco derecho desaparece como fuerza de combate, la huida y la persecución es general.




Pompeyo marcha, al mismo tiempo, con la V legión de refuerzo al campamento atacado, los defensores pompeyanos, animados con la venida de refuerzos y con la presencia del propio Pompeyo cargan ahora con fuerza contra los soldados de César, se recuperan posiciones y comienzan los Césarianos a atemorizarse ante el desenlace que se ve venir, la infantería, enterada del desastre en el flanco derecho y temiendo verse ahora rodeada comienza a perder su cohesión, la presencia de César no sirve de ninguna ayuda, en esta ocasión no es capaz de articular ninguna medida eficaz, y él mismo se tendrá que dar a la fuga a la vista del propio Pompeyo.



En su huida fueron presa fácil los hombres de César, no existía ninguna cohesión y, tan sólo, la estrechez de las puertas del fuerte, por donde trataban de escapar, evito al mismo tiempo que los pompeyanos pudiesen desplegarse cómodamente para el ataque. Al final, el propio César reconoce que si Pompeyo, que no subestimaba en absoluto la capacidad de su enemigo, hubiese continuado con su empuje, la batalla y la guerra estaban perdidas. Según leemos en otros autores, Labieno fue el que convenció a Pompeyo para concentrar los esfuerzos en perseguir a los dispersos legionarios, quienes todavía huían, antes que volcarse en un ataque sobre los reales de César, ataque que fue finalmente anulado.



LA GUERRA EN LOS OTROS FRENTES


Dejamos a César ante Dirrachium y fijamos nuestra atención en el no menos importante frente secundario de Macedonia, César ha enviado allí a Domicio Calvino al frente de dos legiones veteranas y un contingente de caballería de 500 hombres, deberán enfrentarse a las dos legiones venidas de Siria con Escipión y a sus muchos aliados de infantería y caballería, cuantos de estos últimos? calculo que unos 3.000, lo que dejaría a Pompeyo con unos 4.000. Con él se alinean la caballería tracia y todos los contingentes orientales que, si bien no tienen mucha utilidad (como se vera en su debido momento) si que para el tipo de guerra que emprenderá Escipión tienen cierta valía, la cifra?, alta, quizás 10.000 hombres, los suficientes para poder maniobrar con comodidad entre las tres legiones que tiene César desplegadas en ese frente, para Dion Cassio el contingente aliado de Asia será incluso superior a las propias tropas romanas de Pompeyo en Farsalia (en su debido momento estudiaremos este tema).


LLegado Escipión a la costa macedonia (4), resolvió dividir sus fuerzas, aprovechando su ventaja numérica, al frente de la caballería y de una legión reforzada marcharía rápidamente sobre Tesalia para intentar sorprender a L. Casio Longino quien se encontraba en el país recabando suministros y aliados para el ejército de César. En el país dejaría, a cargo de los bagajes y para guardar la retaguardia, a Marco Favonio con 8 cohortes, mientras él daba cuenta de Casio Longino, seguramente despistado en la tarea de reunir todos los suministros y aliados posibles en Tesalia.


A partir de este punto las informaciones de nuestras fuentes son un poco confusas, César, como siempre, se calla los encuentros adversos de sus fuerzas e, incluso, llega a tornar o a confundir lo que comentan nuestras otras versiones y a afirmar que Domicio golpeo repetidas veces a Escipión, pero por Apiano y Dion Cassio sabemos que hubo un duro combate en este frente, para Apiano fue Domicio Calvino el derrotado, para Dion Cassio el golpeado fue L. Casio Longino primero y luego el propio Domicio, lo cierto es que los legados de César perdieron seguramente entre 3 y 4.000 hombres en estos encuentros y, aunque César no cuenta nada de esto, sí que tiene que reconocer que Casio Longino debe salir corriendo de Tesalia y Domicio retroceder ante Escipión, aunque muy sibilinamente nos dice que lo hace tan sólo por falta de suministros.


EL CAMINO DE FARSALIA.


Ahora llega otro de los momentos cruciales del conflicto, después de salir a marchas forzadas del campo de batalla de Dirrachium y conseguir alejarse de Pompeyo (reconoce Pompeyo la imposibilidad de dar alcance a César quien, al haber salido sigilosamente, ha conseguido una decisiva ventaja (13)), los dos contendientes deben decidir la estrategia para esta nueva etapa de la campaña, César, bastante tocado, se ve obligado a regresar a una base segura, en este caso Apollonia, en donde pagar a sus tropas (curioso) y dejar a los heridos y enfermos (11), comenta en este momento en sus escritos el error que cometió al ofrecer batalla a Pompeyo junto a su base de operaciones, ahora intentara alejarlo lo mas posible de la costa para que sufra el también por los efectos del desabastecimiento (7), también planea, llegado el caso, lanzarse sobre Escipión. Estas reflexiones, obviamente falseadas, son contradecidas por los hechos que nos comunican todos los demás historiadores, e incluso, por el propio César, quien en sus textos entra continuamente en paradojas de difícil salida. César ha perdido la iniciativa pero no quiere reconocerlo, ahora todo depende tan sólo de los errores de su contrario. Pompeyo, quien como sabemos se titula imperator por la victoria en Dirrachium, no se lleva a engaños y, por Dion Cassio, advertimos que lo que él considera victoria es, no el haber derrotado militarmente a las legiones de César como celebran sus oficiales, si no haberle llevado al extremo de tener que rendirse a la falta de suministros, César sólo moverá a partir de este momento siguiendo una senda que le permita abastecer a sus ejércitos, se ha terminado su tiempo, y ahora es presa del ejército pompeyano.


Es importante observar como Pompeyo reconoce que su victoria militar sobre César es consecuencia, principalmente, de los errores estratégicos de este, ahora César se ha colocado en una delicada situación, Pompeyo es posible que ya no tenga que llegar a las manos para derrotarle, con el debido acoso podría quebrar la resistencia de su ejército sin tener que llegar a la siempre imprevisible batalla final, sin duda es para estar contento.




Así es, César ha sido derrotado por la estrategia pompeyana de dilación, y al perder la iniciativa esta cae de lleno a los pies de Pompeyo, quien decide, dado que César se ha escurrido y alejado del interior, aprovechar esta circunstancia, girar 180 grados y marchar contra las dos legiones de Domicio en Macedonia, dejando antes en Dirrachium, eso sí, 15 cohortes y los pertrechos de la oficialidad al mando de Catón (10), Julio César no puede hacer nada, sólo "rezar" (3) para que su general salga sano y salvo del embrollo en el que le ha metido, pues, incomprensiblemente, no ha sido avisado a tiempo de la (5) retirada de Dirrachium (según los Comentarios sólo tras llegar a Apollonia despacha correos hacia Domicio), quien se encuentra desprevenido en Heraclea Sentina, precisamente en medio de la ruta por la que marchan las legiones de Pompeyo. La suerte quiso que Domicio se enterase de la repentina llegada de Pompeyo con cuatro horas de antelación, las suficientes para echar a correr y alejarse del lugar en dirección a Tesalia, en donde encontrara, y se unirá, al errante ejército de César. Pompeyo, que vio así frustradas sus esperanzas, resolvió unirse ahora al ejército de Escipión, quien, tras las noticias de la victoria de Dirrachium, había movido sus reales hasta el centro de Tesalia, acampando entonces en Larissa. Pompeyo marcho ahora hacia él, uniendo sus fuerzas alinearían un ejército cuantitativamente muy superior al de su adversario, debilitado por las perdidas de todo tipo sufridas hasta ahora en la difícil campaña.



César, tras dejar en Apollonia, según se ha dicho, a heridos y enfermos junto con una nutrida guarnición, continuo su camino en dirección hacia Tesalia, alejándose de las grandes ciudades, se volcó sobre la pequeña ciudad de Gomphi, a la que sometió a un despiadado y anárquico(6) saqueo, se habían acabado las contemplaciones, el ejército de César hizo pagar a los habitantes de la ciudad Tesalia todas las frustraciones de la campaña, César da a entender que trataba de ser ejemplarizante para con las ciudades vecinas, no cabe duda, pero también que el tema se le escapo de las manos como no deja de señalar un autor como Apiano Tras los hechos de Gomphi, las restantes ciudades, menores, que César encontraba al paso le abrían sus puertas, quien una vez abastecido seguía su camino. Que plan tenia César por aquel entonces?, por lo que sabemos y podemos deducir ninguno a corto plazo, ahora mas que nunca dependía de la decisión que tomase Pompeyo. De continuar la guerra en Grecia César tenia la intención de ir moviéndose hacia el sur, siempre con la esperanza de llegar a un encuentro decisivo con su rival, a caballo de las cosechas y de los territorios en donde poder abastecerse, pues a eso estaba limitado, contaba con unirse a las fuerzas destacadas en Beocia-Tesalia o, llegado el caso, mas complicado, marchar hacia el norte en donde esperaba dos legiones de refuerzo (12). En estas estábamos cuando llego César hasta los campos de Farsalia, siempre a la búsqueda de provisiones, acampo en el lugar y, por fin, su enemigo, reunidos Pompeyo y Escipión, hizo acto de presencia.



NOTAS:


(1) César cuenta con la adhesión de varias facciones entre todos estos pueblos del centro de Grecia.

(2) Ofrecer si que ofrece, pero desplegado frente a sus fortificaciones, en donde el gran numero de sus arqueros puede situarse en las empalizadas y torres del campamento defendiendo toda la línea de batalla pompeyana, César no quiere combatir de cualquier manera, por lo que no acepta este tipo de lucha.

(3) César reconoce en sus escritos estar muy turbado pensando en la suerte que podía correr el ejército de Domicio.

(4) La cronología dada por César sitúa este hecho casi al final del combate por Dirrachium.

(5) César se excusa comentando que tras la derrota en Dirrachium todos los caminos se volvieron impracticables, los enemigos vigilaban todas las rutas y que por ello fue imposible hacer llegar las nuevas hasta Domicio.

(6) El ejército de César estaba tan tocado que al llegar a la pequeña ciudad se desbandó por completo hasta el punto que se afirma que si Pompeyo les hubiese estado siguiendo podría haber acabado con todos ellos de un plumazo, evidentemente César sabia que esto no era posible, de lo contrario dudo que hubiese dejado a sus tropas desbandarse de esa manera tan marcada. En sus comentarios César afirma que esta licencia con la ciudad conquistada ayudo ha hacer recuperar a sus hombres la moral después de tantos sinsabores.

(7) César no reconocerá nunca que tiene que retirarse por que su adversario le ha vencido y que ahora se encuentra a merced de su estrategia, en estos momentos debe llegar obligadamente a lugares en donde ser abastecido en el día a día, y no, como nos quiere hacer creer, que todo es parte de una de sus nuevas concepciones estratégicas, la de alejar a Pompeyo de sus bases de operaciones, esto es absurdo, cuando sabemos que este domina los principales puertos y tiene a su disposición centenares de navíos y toda Asia para abastecerle, como bien comentan Dion Cassio y Apiano precisamente a este respecto y en este contexto. Esto es como aquel borracho que quieren echar de un bar y que contesta que a él nadie le echa, que él se va pero por que quiere..

(8) Esto resulta extraño pues, como es reconocido, la amplia superioridad de la flota pompeyana casi le permite garantizar el suministro de sus ejércitos estén donde estén, como así se hará pese a la propaganda de César intentando hacer ver que el ejército de Pompeyo pasa algún tipo de penalidad en las posiciones que bloquea en las colinas cercanas a Dirrachium.

(9) Según Plutarco Antonio transporta a Grecia unos 20.000 hombres y 800 jinetes.

(10) Dato importante extraído de las Vidas Paralelas, 15 cohortes que restaremos del ejército de Pompeyo en Farsalia, en contra de los que, erré que erré, insisten en dar unas desmesuradas cifras de legionarios a cual mas estrambótica, trataremos nosotros de dar la cifra más cercana a la realidad cuando lleguemos al capítulo sobre Farsalia. Catón es dejado en Dirrachium, según Dion Cassio, por que Pompeyo no se fía de él, teme que, en el caso de que venza en la guerra, al día siguiente sea depuesto por el propio Catón, arrebatándole esa especie de principado que parece querer alcanzar. La presencia de Catón en el ejército pompeyano en Dirrachium no dejo de tener su beneficiosa influencia, Pompeyo, según comenta Plutarco en Vida de Catón, trataba con deferencia a este importante republicano, y era correspondido en la medida en que Pompeyo se mantenía dentro de los limites considerados políticamente correctos. Se cuenta la emotiva arenga que Catón dirigió, a instancias del propio Pompeyo, a las legiones, un discurso que enardeció a los soldados que marcharon al combate con un entusiasmo, es posible que el ultimo de los choques en Dirrachium, el de la victoria final pompeyana.

(11) Otro dato importante para calibrar el numero de las fuerzas Césarianas durante la fase final de la campaña, según Césarse dejan en Apollonia 5 cohortes de guarición, en la ciudad dejaran ahora a los heridos y enfermos, su numero, sin duda alto, un equivalente a mínimo 5 cohortes, volveremos a estas cifras cuando lleguemos a Farsalia.

(12) Este dato es curioso, según César dos legiones venían por Dalmacia, hemos de interpretar que en ese momento no sabia de la derrota de Gabinio en esa región?, de lo contrario no se a que legiones se refiere.. una incógnita más de la campaña.

(13) César no deja de reconocer la diligencia de Pompeyo, que lanza en su persecución a la caballería en tanto en cuanto llegan las fuerzas de a pie. La caballería, dado lo abrupto del terreno, es presa fácil de las emboscadas, de esta forma César consigue rechazar a los primeros escuadrones pompeyanos, que deben volver grupas, al final, la conocida pericia de sus tropas y de él mismo hacen que para su enemigo sea literalmente serle imposible darle alcance, por otra parte Pompeyo tiene ya en mente un buen plan alternativo.

(14) No queda claro si César se refiere a que dispone de honderos o bien que los soldados hacen uso de las piedras como simple y primitiva arma arrojadiza sobre los asaltantes enemigos.

(15) El único plano del campo de operaciones que he encontrado es el de Fuller, a todas luces erróneo, pues coloca el nuevo campamento que construye la IX legión al otro lado del río Lesnika e incluso entre el perímetro fortificado con el que César rodea a Pompeyo, el propio César comenta que el campamento fue construido por su legión después de la derrota, por lo que evidentemente no podría estar dentro del perímetro de las antiguas líneas fortificadas, lo mas lógico pues, sabiendo que estaba junto al mar, es que estuviese paralelo a estas cerrando de nuevo la salida de Pompeyo hacia el exterior .

(16) Sabemos que Pompeyo estaba muy contrariado por la rápida y victoriosa campaña de César tras su desembarco en Grecia, si conquistaba Dirrachium seria, realmente, una gran victoria para él, Pompeyo no podían permitir que su principal base de operaciones en Grecia cayese en manos de su enemigo, aunque solo fuese por prestigio.

(17) Después de Alesia estaba clara para todos la intención de César, por lo que no tardo mucho Pompeyo en comenzar a su vez a construir su propio muro de contradefensa.

(18) Legión pompeyana que luego trabajo en su engrandecimiento en previsión de la llegada de nuevas unidades (se amplio el espacio total de la fortificación y se tiro una empalizada hasta el río para proteger a los aguadores).




Este articulo está realizado por " Satrapa1" y lo dedica a D.Jorge Eduardo Moises Oliver 8 ( Mexico D.C.). Mi opinión personal sobre el mismo, es excelente

lunes, 12 de octubre de 2009

LA BATALLA DE FARSALIA. PARTE I

Este articulo está realizado por " Satrapa1" y lo dedica a D.Jorge Eduardo Moises Oliver 8 ( Mexico D.C.). Mi opinión personal sobre el mismo, es excelente.


Las fuentes de que nos serviremos en esta ocasión son, principalmente, César, Plutarco, Apiano, Dión Casio y Lucano, las restantes fuentes de consulta, ya apenas sin interés, son: Floro, Veleyo, Polieno, Valerio M., Suetonio, Orosio, Estrabón y Frontino.

La fuente principal para tratar los acontecimientos desde el lado cesarista es sin duda la obra de César, para el lado pompeyano son mas fiables, como complementarias, los trabajos de Apiano y, sobre todo, Plutarco, que se notan que han bebido de versiones provenientes del lado pompeyano y por ello mas fiables que las apreciaciones del propio César durante la batalla, en cuanto a D. Cassio, aporta puntos de vista muy originales y su testimonio, pese a no ser muy bueno para la batalla, si que es interesante y clarificador para el resto de la campaña.


-Los dos autores, Apiano y Plutarco, están completamente de acuerdo en la versión cesarista para sus propias disposiciones, como mucho son complementarias a ella, pero sin embargo para el lado pompeyano divergen, y no utilizan sus escritos, siendo así que algunos hechos se presentan de distinto modo, mas razonable, si se puede decir.


LLegado César a Brindisi se encontró con el ejército que había ordenado concentrar para el ataque a Grecia, 12 legiones y, según Apiano, 10.000 jinetes. Parte de las legiones se encontraban maltrechas tanto por las largas campañas precedentes (Marsella, Hispania) como por la recién concluida Guerra de las Galias, pues César apenas había tenido tiempo de reorganizar y reforzar adecuadamente sus desgastadas unidades. Otro problema que se encontraba el líder romano, al margen del desgaste de su ejército, era la dificultad de transportarlo con seguridad a Grecia, había dado ordenes de construir numerosos navíos durante el invierno, aunque estos no estarán listos para la campaña, comenzada quizás demasiado pronto para ello.

Pese a encontrarse en plena estación invernal, César considero necesario trasladar inmediatamente el ejército a Grecia, a su favor, pensaría, contaba el factor sorpresa, y quizás también estaba enterado de que la flota pompeyana había relajado la vigilancia del estrecho (1), como quiera que fuese reunió decididamente todos los hombres que pudo embarcar, 7 legiones mas 500 jinetes (según el propio César unos 20.000 infantes, aunque se puede redondear para arriba), y partió rumbo al Epiro, Gabinio y Marco Antonio quedaron en Brindisi a la espera del regreso de la flota de transporte.


LLego César sin contratiempos a las costas del Epiro, desembarco en una playa lejos de las grandes ciudades de la región (a propósito, pues según nos cuenta Dión Cassio temía que estas estuviesen guarnecidas por las flotas rivales). Según es sabido, dio orden de que la flota de transporte regresase inmediatamente a Brindisi, la orden no fue obedecida, probablemente por cansancio o por mal estado de la mar, lo cierto es que cuando la escuadra puso por fin rumbo a Italia los pompeyanos ya habían tomado cartas en el asunto y sus escuadras habían salido a la mar, la flota de César fue entonces interceptada y 30 de sus transportes apresados por M. Bibulo, comandante en jefe de la flota pompeyana.

César había llegado pues a Grecia, ahora M. Bibulo, sin duda humillado, puso todo su empeño en que ningúncontingente cesariano más pusiese sus pies tierra, ordeno entonces a todas las flotas de guerra del sector cubrir todas las ensenadas y rincones posibles en donde pudiese fondear la escuadra enemiga, a partir de este momento y hasta su repentina muerte, M. Bibulo no cejo ya un momento en la vigilancia de las costas.

En los cálculos de César parece que no había entrado la posibilidad de que la flota enemiga diera al traste con sus previsiones, desde el momento en que desembarco y tras la llegada de Bibulo, César quedo, practicamente, incomunicado con Italia, tal era entonces el cerco que tejió Bibulo alrededor de Julio César.

En tanto en cuanto se solventaba el difícil asunto de los refuerzos, César se puso manos a la obra ya desde el primer momento, su objetivo, conseguir puertos, bases navales en donde preparar la llegada de las legiones de Italia. Torpemente envió entonces a uno de los oficiales que había hecho prisionero en busca de Pompeyo con instrucciones de comunicarle que todavía, si se hacia un esfuerzo, se podía llegar a un arreglo pactado. Este oficial acelero en todo lo posible la marcha hacia su ejército a sabiendas que Pompeyo no sabia todavía de la llegada de César a Grecia. Efectivamente cuando le encontró (marchaba entonces tranquilamente por la vía Egnacia hacia Dirrachium para invernar) Pompeyo no tuvo por menos que ordenar al ejército las marchas forzadas, había que llegar cuanto antes a la costa a través de la ruta que desembocaba en Apollonia, pues temía que César ocupase sin apenas oposición las principales bases de esta zona del Epiro (6).


Sin perdida de tiempo, como comentaba, César llego ante las murallas de Oricus, el jefe de la guarnición intento que sus auxiliares griegos se preparasen para repeler el ataque, sin embargo, estos no estaban para la tarea, la población tampoco quería líos así que el bueno de Torcuato sencillamente se entrego a César a discreción, este, como era su buena costumbre, no le hizo ningún mal e incluso le incluyo en su circulo de amigos. Sin perder un instante César continuo en dirección norte su marcha, en Apollonia se esperaba ya su llegada, el gobernador pompeyano de la plaza también vio como la ciudad eludía cualquier tipo de compromiso de lucha, así que, poco antes de la llegada del enemigo, Lucio Etaberio, gobernador de la plaza, escapo de la ciudad, que recibió entonces con las puertas abiertas al ejército de César.


OPERACIONES MENORES DE LA ESCUADRA POMPEYANA I

Una vez desperezada, la flota pompeyana comenzó la guerra con fuerza, la escuadra del Ilirico y Acaya, bajo Marco Octavio y Escribonio Libón se lanzo sobre Salona (la provincia del Ilirico se encontraba bajo control de César), consiguióM. Octavio la alianza de los dalmatas y traer a los de Issa para su bando. Salonae, capital de la provincia, se negó a abrir las puertas a la flota pompeyana, M. Octavio desembarco un ejército y, junto con los dalmatas, planteo un férreo asedio a la ciudad costera. Pese a los repetidos llamamientos de socorro que consiguieron hacer llegar a César, este, evidentemente, poco podía hacer, sin embargo, estos consiguieron por si mismos hacer desistir al pompeyano de su intento pues, debido a una repentina salida de la guarnición (se habían liberado también a los esclavos para combatir y los ciudadanos también portaban armas) los asaltantes fueron sorprendidos de tal manera que los cinco campamentos en que se habían distribuido fueron sucesivamente arrollados, a duras penas pudieron refugiarse en la escuadra. Después de esto M. Octavio renuncio al intento y, avanzado el invierno, costeo hasta Dirrachium para unirse a Pompeyo.



Es difícil saber si la incursión de M. Octavio en Iliria tenia que ver con la, supongo conocida, noticia de que el cesariano Gabinio, al frente de dos? legiones, tenia intención de atravesar Iliria, costeandola, para tratar de llegar junto a César en Grecia, lo cierto es que sufrió una contundente derrota precisamente a la altura de Salonae, emboscado por los dalmatas, a quienes M. Octavio había traído a la alianza con Pompeyo.




Pompeyo, enterado ya de la caida de Oricus y Apollonia, y asustado por la seguridad de Dirrachium, tuerce la marcha en dirección a esta, a toda la velocidad que le es posible acelera el paso y, dejando atrás todo lo que pudiera ser un lastre, consigue llegar, esta vez antes que César, a las proximidades de la ciudad costera sin contratiempos. César, advertido de la llegada del ejército de Pompeyo, suspende la marcha, retrocede en busca de una buena posición defensiva y establece sus reales al otro lado del río Apso con la intención final de invernar en espera de los refuerzos de Italia. Durante el impasse impuesto por el teórico fin de las operaciones, César no cejo en sus intentos de hacer llegar de Italia los refuerzos que tan ansiadamente esperaba, no le importa que las costas estén perfectamente vigiladas por el enemigo, piensa que su fortuna le acompaña sin reparar en los imposibles. Consigue hacer llegar en el ultimo momento a Brindisi un aviso de que las flotas pompeyanas han estrechado al máximo la vigilancia de las costas y que debía renunciarse a la travesía por el momento, este aviso llega cuando ya Caleno había embarcado las legiones y ponía rumbo a alta mar, gracias a esta advertencia, de ultima hora, la flota pudo virar y regresar sana y salva, de tan poco dependió, reconoce César en sus escritos, la suerte de todas esas legiones. La única acción, pero poco efectiva, que pudo adoptar César contra las escuadras pompeyanas fue la de colocar guarniciones por toda la costa para evitar que, dado que los navíos pompeyanos se habían establecido en los fondeaderos costeros como medida de vigilancia, que pudiesen recabar de tierra cualquier tipo de suministro, principalmente el agua, que al final se vieron estos obligados a traer desde Corcira. M. Bibulo no tenia ninguna intención de aflojar la soga que rodeaba el cuello del ejército de César, llego incluso a no tomar tierra más y a vivir entre uno y otro fondeadero permaneciendo siempre alerta frente a su enemigo (2).

LLego entre tanto Pompeyo desde Dirrachium y construyo su campamento en su lado del río, frente a los de César. Según nos relata Dión Cassio, la desproporción de fuerzas era evidente, el ejército de Pompeyo con 9 legiones más sus numerosos auxiliares era mucho mas poderoso que las 7 legiones (incompletas) y 500 jinetes que desplegaba César, este, que renuncio al combate al advertir la manifiesta desventaja, trato de entablar negociaciones (3), en vistas a ganar tiempo, cosa que Pompeyo no tuvo a bien deduciendo que la finalidad de las mismas era sólo eso, perder tiempo (11), se desplego entonces para la batalla y ordenando a las legiones el avance. Siguiendo a Dión Cassio, leemos que Pompeyo tuvo la mala fortuna que a la hora de atravesar el río Apso por un puente, este se vino abajo, hiriendo a muchos soldados y dejando al otro lado a un numeroso grupo de hombres que cayeron entonces en manos del enemigo. Pompeyo no llevo a bien este hecho, considerandolo de mal augurio, era el primer choque con las fuerzas de César y las cosas habían acabado muy mal, por el momento, decidió, no entablaría batalla, inclinandose supongo por invernar y proseguir el entrenamiento de sus hombres en espera del comienzo del buen tiempo, por otra parte, consta que no existía ningún vado cercano (13) por el cual hacer atravesar las tropas, así pues ambos ejércitos se instalan ante las orillas de un río que no pueden atravesar y que al mismo tiempo les permite permanecer a salvo de sorpresas.

OPERACIONES MENORES DE LA ESCUADRA POMPEYANA II

Tras la muerte de Marco Bibulo, Escribonio Libón, al frente de su escuadra, partió hacia Italia con el ambicioso plan de bloquear el puerto de Brundisium, acción que sin duda podría decidir la guerra del lado pompeyano. Según nos cuenta César, la flota pompeyana llego sin contratiempos ante la isla de Pharos, que controla, como vemos en el mapa, la estrecha salida del puerto de Brundisium. Marco Antonio decidió combatir de dos maneras al atacante, quien había repelido a la débil guarición de la isleta y se enseñoreaba ahora de ella. Por un lado intento tender emboscadas a los navíos del pompeyano, por otro, y con mas éxito, evitar que pudiese avituallarse en la costa cercana puesto que, si bien de los alimentos era fácil tirar de ellos, para el agua se necesitaba indispensablemente algún río o fuente de la costa. M. Antonio puso guardias y celadas en todos los puntos cercanos en donde se podía recoger agua de tal forma y manera que poco tiempo después de su llegada, E. Libón, sin posibilidad de hacer aguada, tuvo que darse por vencido y retirarse humillantemente hasta los puertos del Epiro, pese a que había sido tan incauto de comunicar a Pompeyo que él sólo con su estrategia seria capaz de arruinar cualquier intento de M. Antonio de hacerse a la mar.


No es César un refinado estratega, durante todas sus campañas se advierte una fe ciega en su propia suerte en la que confía para solventar los mas que probables problemas que plantea la deficiente atención que pone en estos temas. Ahora nos lo encontramos plantado a la defensiva ante el superior ejército de Pompeyo, nervioso por la incapacidad de sus subalternos de lograr, como él, atravesar el estrecho con las legiones de refuerzo. Por alguna extraña razón se niega a admitir que el férreo control de las costas llevado adelante por Marco Bibulo imposibilita a Marco Antonio y a Caleno realizar la travesía con un mínimo de confianza. Tal es el desasosiego de César que, según nos relata Dión Cassio, cuando decide, en plena tormenta, embarcar rumbo a Italia, lo hace por que en realidad teme que sus generales le hayan traicionado y hayan adoptado una posición de neutralidad ante el conflicto, de esta forma se lanza César contra las olas confiado tan sólo en que su reconocida fortuna le hará llegar a Brindisi sano y salvo mientras las escuadras pompeyanas, sensatamente, se encuentran recogidas por el mal tiempo. Así pues, era capaz de abandonar sus ejércitos en Grecia para lanzarse a una temeraria travesía que bien no pudiese, entre otras cosas, tener retorno (5). Toda esta historia es consecuencia, como comentaba, de la deficiente planificación estratégica que casi siempre imprime César a sus campañas, esta vez había imposibles a los que ni su suerte podría vencer.

Se contentara entonces con enviar a Brindisium, a la primera oportunidad, a un legado con la idea de tratar de convencer a Gabinio (10) de atravesar cuanto antes el estrecho, si no encontraba receptivo al general, que se lo ordenase a M. Antonio, y si no a Fusio Caleno, y finalmente, de no encontrar a ninguno de ellos receptivo, pasar a tratar directamente con los soldados y embarcar directamente con los voluntarios rumbo a Grecia.

Nada de esto se hará(4), simplemente no hay ninguna posibilidad de cruzar el estrecho en tanto en cuanto no cambien el curso de los acontecimientos, y no cambiaron hasta que, según da a entender Dión Cassio, M. Bibulo, almirante de toda la flota pompeyana, murió de enfermedad (12), a partir de este momento M. Antonio trato ya, mas confiadamente, de realizar la travesía en la primera ocasión posible, más, cuando consiguió rechazar de Brindisium a la flota de Escribonio Libón, con lo que gano confianza y, paralelamente, desprecio por la capacidad de sus adversarios.


Concluyo entre tanto el invierno, las condiciones del mar mejoraron y la confianza de Antonio en sus posibilidades aumentaron, por otro lado César no ceja ni un momento en pedir los refuerzos, concluye el invierno y la campaña comenzara pronto, sin esas tropas de Italia las cosas pueden ponerse muy feas para él (15) , así pues, un determinado día en el que las condiciones fueron favorables, M. Antonio se hizo por fin a la mar.


La primavera del año 48 a.C. los dos ejércitos apostados a ambos lados del río Apsus observaron unos con sobresalto, los otros con esperanza, como la flota de M. Antonio pasaba lejos de la costa rumbo hacia el norte, empujado por vientos ante los que no podían oponerse. La flota de Antonio pronto llego a la altura de Dirrachium, allí, la escuadra de Rodas a cargo de Quinto Coponio se hizo a la mar, cuando parecía que la suerte de la flota de Antonio estaba echada, de nuevo la fortuna vino a sacarla de las garras de sus enemigos, un fuerte viento arreció justo en el instante en que las naves pompeyanas les daban alcance, empujados así los grandes pécios de transporte se alejaron de las galeras de sus enemigos, aunque estas, a golpe de remo, consiguieron seguirlas de lejos. La flota de Antonio llego por fin hasta tierra, cerca de Lissus los barcos pudieron por fin fondear, justo a tiempo, pues se desato en ese instante una tormenta tal que todas las naves pompeyanas que venían en persecución naufragaron y los más, cayeron en manos de los cesarianos. En toda la travesía no tuvo Antonio mas que lamentar la perdida de dos barcos, los dos, extraviados, fueron a dar a Lissus, en donde Otacilio Craso destaco contra ellos gran numero de chalupas y otras embarcaciones, y aun en uno de ellos los hombres pudieron salvarse (14).
Una vez desembarcado el ejército de M. Antonio, 3 legiones veteranas y 1 de reclutas, se hizo con Lissus, ciudad que, habiendo pertenecido a la jurisdicción de César en Iliria, se sentía obligada a él, Otacilio Craso huyo y M. Antonio entro en la ciudad. Enterados por fin Pompeyo y César de la ubicación de los esperados refuerzos, Pompeyo (9) resolvió retroceder con rapidez para alcanzar a Antonio antes de que este llegase a contactar con César, era posible batir por separado a sus dos rivales aunque dependería de la rapidez de sus movimientos, César no se iba a quedar atrás, consciente de la necesidad de unir sus fuerzas a las de Antonio partió también a marchas forzadas en pos de su lugarteniente (7). De esta forma se entablo lo mas parecido a una carrera entre los dos ejércitos rivales mientras Antonio, ignorante de lo que podía encontrarse, marchaba hacia el sur a igual celeridad. Pompeyo, gracias a que tenia menos camino que recorrer, consiguió colocarse con una cómoda ventaja que le permitía volcarse sobre Antonio antes de que César pudiese evitarlo, o por lo menos eso creía, César, consciente de su situación, consiguió hacer llegar a Antonio un mensaje advirtiendole de las intenciones de Pompeyo, Antonio se detuvo entonces durante 24 horas, las suficientes para que César pudiese adelantar su posición. Dando la jornada por perdida, Pompeyo retrocedió rápidamente sobre la región de Dirrachium pues temía quedar rodeado ahora por los dos ejércitos rivales, unidos César y Antonio la inferioridad de Pompeyo era manifiesta, había llegado el momento pues de cambiar de estrategia.
Una vez en Dirrachium comenzó a atrincherarse y preparar la defensa, reunidos sus dos antagonistas, el tiempo sí se convertía en su aliado, gracias a su red de suministros plantearía a César una guerra de desgaste, reto que César acepto y que se convertiría en otro de sus grandes errores en la campaña.


EJÉRCITOS EN CAMPAÑA ANTES DEL ATAQUE DE CESAR A DIRRACHIUM.


Para las cifras se han utilizado las referencias dejadas por César y Dión Cassio (8). Hay que considerar que casi la mayor parte de los legionarios de César son veteranos de reconocida eficiencia y los de Pompeyo reclutas, ademas, muchas de las tropas de este ultimo se encuentran todavía embarcadas en las flotas, así pues, ante la imposibilidad real de conocer su numero me inclino por una cifra mas bien baja, siguiendo el criterio de D. Cassio.


Campaña de Dirrachium: Inicio.


No se conocen con exactitud las guarniciones dejadas por César en el sur, (aunque parece ser que sólo 3 cohortes en Oricus) cuento ya aquí la legión que se encontraba en Oricus y que llama ahora a que se presente también ante Dirrachium.




César

Legiones IX, X, VIII, XI, XII y XXVII mas otras 5 sin identificar.
En total 11 legiones: Unos 1.300 jinetes y entre 40.000 y 50.000 infantes.



Pompeyo

Legiones I, III, IV, V, XXXVII mas otras 4 sin identificar.
En total 9 legiones: Unos 4.000 jinetes, 30/35.000 infantes. El numero de auxiliares es desconocido, quizás 5/10.000.

En la segunda parte trataremos de los acontecimientos sucedidos desde la union de Cesar con Antonio, la batalla por Dirrachium, hasta la derrota de César y su huida a Tesalia.


Notas..
(1) Así lo asegura Dión Cassio, para él, la precipitada travesía se debió a este hecho, sin embargo no deja de criticar duramente este incierto movimiento de César.


(2) Según Dión Cassio, una de las razones por las cuales Marco Antonio no puso todo de su parte para aligerar el paso de las legiones que esperaba César fue el respeto que tenia la capacidad de Bibulo, personaje al que temía. Según sus fuentes, sólo después de la muerte de este se decidió M. Antonio a tratar de cruzar el estrecho que les separaba de Grecia.


(3) Estas entrevistas aparecen extensamente relatadas en los escritos de César, siempre dispuesto a aparecer como el adalid del entendimiento y la negociación, aquí la versión de D. Cassio me parece bastante creíble, que explicación de otra manera tiene el hecho que el hiperactivo Julio César pase todo el invierno mano sobre mano en espera de las tropas de Italia, evidentemente se sentía en clara desventaja frente a Pompeyo, todo cambiara, como veremos, en cuanto reciba esas anheladas legiones de refuerzo.


(4) Gabinio, probablemente desesperado por no poder cumplir las ordenes de César, se propone dirigirse a Grecia por tierra, a tal efecto recluta cuantos voluntarios le son posibles (una legión mas un indeterminado numero de cohortes más) y emprende la marcha hacia Iliria en donde será duramente derrotado por los dalmatas perdiendo un mínimo de 5 cohortes y el águila de la legión.


(5) Aunque la razón que da Dión Cassio es ciertamente de peso, si César pensaba que le habían traicionado, pensamiento este bastante probable pues también lo deja entrever en sus escritos, no seria de extrañar su actitud, ya que en la posición que se había metido con su imprudencia estaba mas que vendido, sobre todo si Pompeyo esperaba, como era de prever, la llegada de Escipión y su ejército de Asia, con lo que las fuerzas de César estarían ya en una abrumadora desventaja.


(6) También, ciertamente importante, mando avisar a Escipión, quien se encontraba todavía en la provincia de Asia, a que acelerara su venida, advirtiendole entonces del desembarco de César en Grecia. Escipión dejo todas las rapiñas que tenia entre manos y marcho inmediatamente en dirección a Macedonia.


(7) Necesitaba César subir río arriba en busca de una vado propicio para atravesar el caudaloso río, este precioso tiempo fue aprovechado por Pompeyo para sacarle una considerable ventaja.


(8) César nos comenta en sus escritos que cruzo a Grecia con 7 legiones, especifica luego,unos 20.000 infantes y 500 jinetes (que yo redondearía hacia arriba, entre 20 y 25.000 hombres). Hemos de deducir que mas adelante M. Antonio, con mas tiempo para preparar sus fuerzas, podría haber completado un poco mejor los cuadros de sus legiones, sobre todo la de los bisoños, por lo que no seria descabellado dar al conjunto de sus 4 legiones un mínimo de 15.000 hombres, mas los jinetes, unos 800 y una indeterminada cifra de auxiliares. La cifra total resultante es la que he deducido tras el resultado final de la campaña teniendo en cuenta las bajas por enfermedad, guarniciones, bajas, otros contingentes desplazados al Ática y las cifras que da César para Farsalia, todo esto lo desglosare mas adelante, al llegar a la propia batalla final.


(9) La flota de Antonio fue atacada por la escuadra de M. Octavio y totalmente destruida .


(10) Por ello algunos, con fundamento, ven a Gabinio como el segundo jefe del ejército, y no a Marco Antonio.


(11) César escenifica dramáticamente como los pompeyanos dan fin a las conversaciones, como el traidor Labieno corta por lo sano y algunos soldados de César salen malparados en la acción, como comentaba en este caso los datos proporcionados por Dión Cassio nos aclaran el verdadero sentir de los oficiales de Pompeyo, César tan sólo deseaba ganar tiempo así que no tenían por que seguirle el juego.


(12) El testarudo de Bibulo permaneció embarcado y vigilante hasta el ultimo momento, y pese a que cayo gravemente enfermo no consintió en ser desembarcado y tratado en tierra.


(13) Lo que ahora supuso una ventaja para César, luego se volverá en su contra, pues cuando quería perseguir a Pompeyo se vera obligado a dar un largo rodeo en busca de un vado aprovechable para hacer cruzar sus tropas.


(14) Uno de los barcos transportaba 200 reclutas, estos se rindieron a la primera oportunidad para ser luego masacrados, el otro barco conducía a un grupo de veteranos que no se dejo engañar, consiguieron aguantar el tiempo suficiente para llegar a tierra, saltar y salvarse.


(15) César razona, acertadamente, que había que aprovechar los vientos invernales para realizar la travesía, con las calmas que trae el buen tiempo seria imposible para los lentos buques de transporte cruzar la distancia que les separa de Grecia sin ser rápidamente alcanzados por los navíos de guerra enemigos. De todo esto es consciente , sin duda, Antonio, pero también es cierto que siempre hay otros factores en juego con los que contar.